¡Mexicano fragmentado!
Fragmentos de Familia en donde la parte primitiva, la de dominio para su súper-vivencia, la ley del más fuerte rige a la parte protectora, amorosa, disciplinada y generosa.
Fragmentos de empresario en donde la parte primitiva, la de tener por tener y a como dé lugar sin un propósito noble y sin consideración rige a la parte disciplinada, humana, generosa y progresista.
Fragmentos de político en donde la parte primitiva, la del poder avasallador sin una pizca de propósito noble de servicio y sin consideración, rige a la parte humana, justa, noble y desinteresada.
Fragmentos de creyentes en donde la necesidad de creer sólo en lo que se puede ver y tocar, sustituye a la fe y a la verdadera devoción en un sólo Dios de unidad y de orden.
La mayoría de los mexicanos prefieren:
- Dar el voto por tradición y no por convicción.
- Pagar la mordida y no las consecuencias.
- Ser oportunista en lugar de buscar oportunidades.
- Ignorar la ley en vez de cultivarla.
- Tirar basura y que otro la recoja.
- Ver la paja en el ojo ajeno.
- Pedir milagros en vez de buscar soluciones.
- Confiar más en la estampa o en la estatua de un muerto que en el Dios verdadero.
- Oírlo de alguien más en lugar de leer.
- Robar, tomar o adjudicarse en vez de merecerse las cosas.
- Darse por satisfecho en vez de informarse bien.
- Culpar a alguien más de todas sus desdichas.
- Culpar a alguien más de su propia falta de cuidado.
- Culpar a alguien más y esconderse detrás de una barrera así como en su infancia lo protegía, lo alcahueteaba y lo dirimía sin consecuencias ni responsabilidad alguna la madre tras las enaguas bajo la falda.
De eso último creo que el problema de la fragmentación del mexicano tiene su origen en la teta que le dio a mamar la educación.
Mientras que el mexicano no se enfoque en una sola cosa, aprenda a respetar tanto al que está por debajo como por arriba de su propio rol social, a respetar y fomentar las aptitudes y habilidades de sus semejantes así como las propias, no aprenda a dar a la familia el lugar más elevado que puede tener como fundamento de la sociedad, no reconozca que hay sólo un Dios y una sola Fe y opte convenientemente por desconocer las leyes que lo rigen, siempre será un mexicano fragmentado, divido entre lo que pudiera ser y esto, en lo que se ha convertido.
Un pueblo de gente fragmentada con absurdas excusas como:
- Ahí se va.
- Ya ni modo.
- A mí que me importa.
- ¿Y a ti que te importa?
- No lo vi.
- ¿Y a ti quien te metió?
- No sabía.
- ¿Y tú quien eres?
- Nadie me dijo.
- No me preguntaste
- Eso te pasa por menso.
- ¿Qué, no me viste venir?
- No hay quien lo pare.
- Nadie me vio.
- Yo no fui.
- Yo no vi.
- Yo no estaba.
¿Por donde será bueno comenzar, por los viejos, los adultos, los jóvenes o los niños?
¿Tendrá esta generación de mexicanos fragmentados alguna oportunidad de transformarse en la unidad de respeto, lucha y exaltación de la condición humana que lo lleve a ser un pueblo digno y orgulloso?
He llegado a pensar que el mexicano pre-revolucionario era más valiente, mejor acoplado a su entorno y mucho más respetuoso del orden que el mexicano común post-revolucionario. No digo que haya vivido tan cómodamente como lo hacemos hoy, pero en un análisis al vuelo, ¿Cuáles son las cosas que hemos perdido y que vale la pena recuperar?
Es fácil deducirlo con tan solo recordar algunas frases comunes.
- Buenos días
- Buenas tardes
- Buenas noches
- Muchas gracias
- Discúlpeme
- Yo lo hice
- Yo lo dije
- Con su permiso
- Por favor
- Perdón
- Que Dios te bendiga.
Hoy todo comienza por mí, ¡sí me importa! porque todo lo que me rodea es también parte de quien soy, me define, me conforma y me representa.
Hoy comienza conmigo y con la gente a la que amo y respeto. Porque no más merecemos ser un fragmento de lo que somos en realidad.
Que Dios los llene de bendiciones hoy y siempre.
Samuel Ramírez S.
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