EL VALOR DE LA ORTOGRAFÍA: EN BUSCA DE LA RUTA PERDIDA
Dr. Alberto Odriozola Urbina
La generación de nuestros bisabuelos y de nuestros abuelos mismos, no tenían muchas oportunidades educativas; si acaso, y eso dependiendo de en dónde vivieran , podían aspirar a cursar algunos años de la primaria o la primaria completa, y eso aún, como un privilegio.
Ciertamente que sus años de escolaridad eran escasos; sin embargo, todas esas generaciones se caracterizaban por dominar al menos estas cuatro áreas: Geografía, Historia, Civismo y Español, éste por lógica, tanto hablado como escrito, en forma correcta.
La ortografía era enseñada con entusiasmo por los profesores, pues resulta la mejor expresión del dominio de la propia lengua, comúnmente denominada: Lengua Materna.
Pero, ¿cómo es que se transmitía de una forma tan simple y tan natural? Simplemente porque los profesores, responsables de su enseñanza, a su vez la habían aprendido de sus maestros, de esa misma manera, y además, porque habían aprendido a leer y a escribir bien.
No había trabajo escrito que solicitara el profesor a sus alumnos, que al recibirlos, no empezara su revisión por la ortografía, con el consiguiente castigo de hacer al menos cinco planas de las palabras en las que se encontraran faltas, y con la consiguiente baja en dicha calificación. El hacer eso ahora, resulta en una ofensa y un desagravio para los alumnos.
A partir de la década de los setentas, con la explosión demográfica por una parte, con la migración del campo a las ciudades por la otra, y con la necesidad de ampliar la oferta de escolaridad a la secundaria, a la preparatoria y al nivel profesional, de una población cada vez más demandante de niveles educativos superiores, cambió todo el panorama en el país.
Lo anterior, vino de la mano de cambios en los planes y programas de estudio de la educación básica, en los que se eliminó la enseñanza del civismo y el rigor en la enseñanza del español y su concomitante, la ortografía, y a la par, sobrevino la necesidad de contar con grandes cantidades de profesores para los niveles de educación secundaria, preparatoria y profesional, los cuales no habían sido formados expresamente como docentes. Con ello, se inició un deterioro paulatino en el dominio del civismo, y de las reglas ortográficas a todos los niveles: desde el inicial hasta el de la educación superior e incluso el posgrado.
No es sorprendente ver ahora cómo, egresados de carreras profesionales, de especialidades, de maestrías y aún de doctorados, muestran en sus escritos tal cantidad de errores ortográficos que horrorizan verdaderamente, y que mueven necesariamente a intentar hacer algo en beneficio de los estudiantes y de la propia comunidad educativa nacional.
En ese sentido, urge que las instituciones, en su apuesta permanente a la calidad, y conocedoras de esta problemática en sus estudiantes, y en su personal, tomen la decisión de iniciar una lucha frontal con esta deficiencia y establezcan un programa de formación y capacitación permanente, con cursos de “Actualización Ortográfica y Redacción” , para retomar el sendero y la ruta perdida en México por más de 30 años, y coadyuvar así con la solución de está problemática latente en el ámbito profesional y en la sociedad misma.